Era el año
325 a.c y Alejando Magno se
quitaba el polvo de la larga travesía de los últimos días, aun estaba el mayor
general de la historia convaleciente de la herida de flecha como resultado de
la última batalla en los confines del mundo conocido y en la que su querido
caballo Bucéfalo que le acompaño en los grandes conflictos, incluido en la gran
batalla de Gaugamela, había perdido la vida. La pena le corría por todo su ser,
solo quería a dos persona, Bucéfalo y Hefestión, le quedaba aún el amor y compañía
de este último, sin embargo, el general en ocasiones se sentía solo, y la contemplación
del cielo de esas inhóspitas tierras le daban una tregua de paz en el corazón.
Se sorprendió al no reconocer las constelaciones que el mismísimo Aristóteles
le enseño en las noches de la lejana
Pela, tenía la sensación de que había transcurrido una vida entera desde que salió
de su amada Macedonia, y en ese mismo instante se pregunto ¿Que sería de Aristóteles,
su instructor?, hacía mucho tiempo que no tenía noticias suyas, tanto, tanto
tiempo….
Aristóteles se encontraba en una austera habitación,
y acabada de terminar su obra de Ética a Nicómaco, sobre la virtud y el carácter moral. En ese
mismo instante le llego un pensamiento y se pregunto qué sería de su alumno,
las noticias que llegaban decían que había llegado hasta el mismo fin del
mundo, hacia tierras desconocidas, sin duda el filosofo se creía responsable de
haber inculcado tanta curiosidad y pasión hacia lo lejano y desconocido y que
sin duda habían alimentado el afán conquistador de su General. Se sentía cansado, llevaba días sin apenas dormir. Quiso revisar su cuaderno
donde anotaba todas sus ideas y pensamientos, especialmente del día anterior,
enfrascado en la finalización de su obra, no había tenido ocasión de releer aquella observación que le llamo la atención.
En su cuaderno anoto “Mientras observaba
el movimiento de las estrellas errantes, me di cuenta, que en la constelación
del cisne, en la zona donde acaba la cola, hay una estrella borrosa, podria ser un cometa”. Sin duda,
era un mal augurio ¿ le habría pasado algo a su alumno Alejandro”.
Las crónicas atribuyen en el 325 a.c la observación
de Messier 39 por parte del gran filosofo Aristóteles, pero no fue hasta 1764
cuando finalmente Charles Messier lo incorporo dentro de su
afamado catalogo.
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Contelación del Cisne |
Messier 39 es un cumulo situado en la constelación
del cisne, dista de nosotros a solo 800 años luz, siendo un cumulo realmente
cercano. Esa cercanía explica su gran tamaño, de al menos 32 arc minuto, es
decir, como una luna llena, aunque sus límites no tan fáciles de definir,
llenaban mi ocular de 42 mm de más de 1 grado de campo. Su edad se estima entre
250 y 300 millones de años, y al menos, 30 de sus componentes se encuentran en
un espacio de solo 7 años luz.
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Messier 39 |
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Dibujo Messier 39 |